28 octubre 2015

Dungeons & Dragons - Dibujos animados de los 80

Puede que la serie de dibujos de Dungeons & Dragons fuera mi primer contacto con la fantasía. No lo recuerdo muy bien, tenía cuatro o cinco añitos. Por aquel entonces sólo había dos canales de televisión y los sábados antes del telediario echaban por TVE series para niños como Mazinger Z, Droids, Ewoks, Los Aurones , La Corona Mágica y, por supuesto Dungeons & Dragons, o Dragones y Mazmorras. La serie adaptaba la primera versión del juego de rol, creado por Gary Gygax y Dave Arneson, y los acercaba a un público infantil usando un formato de aventuras y acción.



Dungeons & Dragons nos contaba la historia de unos chicos corrientes que, por un accidente en un parque de atracciones, acababan en El Reino, un lugar lleno de magia y monstruos increíbles. Allí, se encontraban al Amo del Calabozo (el Dungeon Master de toda la vida), un guía que les proporciona una serie de objetos mágicos y los guiaba por el Reino, buscando el camino para regresar a casa. Por supuesto, el camino estaba lleno de peligros, peligros que a veces tenían nombre propio. Entre todos los enemigos a los que los chicos se enfrentaban había dos que destacaban sobre los demás: Venger, un poderoso hechicero de aspecto demoniaco, y Tiamat, un dragón de cinco cabezas (que los aficionados a la fantasía reconocerán por ser uno de los avatares de Takhisis, de la Dragonlance, además de un dios babilónico).

Los seis chicos protagonistas tenían roles muy diferentes dentro del grupo y se correspondían a algunas de las clases que se encontraban en la primera edición de Dungeons & Dragons. Hank era el Ranger (el Arquero en español) y tenía un arco prodigioso que disparaba flechas de energía; Bobby, el más joven del grupo, era el bárbaro y tenía un garrote demoledor; Presto, el mago, podía usar su sombrero mágico para sacar cualquier cosa de él, aunque se le daba realmente mal; Eric, el otro alivio cómico del grupo, era el caballero, poseedor de un escudo irrompible, algo realmente curioso, ya que se le colocaba en un rol protector para el grupo a pesar de ser un orgulloso y egoísta cobarde; Diana era la acróbata, con un bastón mágico que podía encogerse y extenderse a voluntad y, por último, estaba Diana, la ladrona, con una capa mágica que la volvía invisible.

Dungeons & Dragons es una serie de su tiempo, de los años 80, lo que implica varias cosas. La primera es que fue pionera en muchos aspectos. A día de hoy la violencia que muestra no haría alzarse ni a media ceja de un colegio, pero en su momento hubo bastante preocupación con el tema, con numerosas protestas de padres. Es una violencia de cómic: explosiones, disparos, peleas con espadas... Todo fantasía y perfectamente encuadrado en el término de las aventuras, pero por aquel entonces lo máximo que se había visto en los dibujos animados era a un canario arrojándole dinamita a un gato. Que sí, que era violento, pero era un tipo de violencia menos real y más abstracta, con un toque de humor que la disociaba de la realidad.



Dungeons & Dragons también tenía voluntad de educar, de inculcar ciertos valores. Cada episodio tenía su propia moraleja, su lección para la vida. Los temas eran los de siempre: amistad, generosidad, confianza... Era el pequeño toque educativo que hoy en día se ha perdido en los dibujos animados pero que estaba presente en casi todas las series de aquella época. Sin embargo, aquí estas moralejas estaban mucho más integradas en la aventura, no había ningún apartado final en la que un personaje rompía la cuarta pared y hablaba directamente con el espectador, sino que todo formaba parte de la historia de forma natural.

Pero, en última instancia, Dungeons & Dragons era una serie de aventuras y acción con un trasfondo fantástico. La estructura de los capítulos era casi siempre la misma: el Amo del Calabozo les decía a los chicos una forma de volver a casa y les daba una pista enigmática. Los chicos se enfrentaban al peligro y siempre tenían que decidir entre volver a casa y hacer lo correcto. Entonces, la pista misteriosa cobraba todo su sentido y los chicos derrotaban al villano... pero perdían la oportunidad de volver a su mundo. Pese a lo repetitivo de la estructura, los guionistas se las apañaron para crear unas historias fantásticas y variadas, creando personalidades fuertes para los personajes que les permitían cierta continuidad a pesar de que cada episodio era totalmente independiente a los anteriores.

En Dungeons & Dragons se mezclan los capítulos de aventuras puras y duras en los que hay que salvar a una tribu de mineros o una ciudad asediada por Venger con otros en los que las relaciones entre los personajes son las que marcan la diferencia, haciendo que los chicos(y con ellos el espectador) se impliquen emocionalmente. Surgen amistades, traiciones, engaños y romances. Incluso hay capítulos en los que los chicos y los enemigos tienen que dejar sus diferencias a un lado para hacer frente a un peligro mayor. Había cierta complejidad en las historias, tratando al niño de una forma diferente, ofreciéndole una serie de calidad y muy entretenida.



Dungeons & Dragons es otra de esas series de los años 80, como Guardianes de la Galaxia, que han aguantado divinamente bien el paso del tiempo y que pueden volver a ser vistas sin que nada te rechine. Sólo se podría echar en falta que El Reino fuera un lugar algo más cohesionado y que hubiera cierta continuidad en algunas de sus tramas y personajes. Esta serie pedía un arco argumental más desarrollado, que los personajes pudieran evolucionar un poco, simular la subida de niveles del juego de rol y el desarrollo de una partida. Pero también es cierto que se trata de una serie muy corta, apenas 27 episodios, y que en aquella época no se concebían los dibujos animados como series, sino como píldoras de entretenimiento.

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